Río Caldarés a su paso por Panticosa. Descanso después de una sana ‘paliza’

August 1st, 2007 | by Diego |

Caldar%C3%A9s.jpg Ayer te comenté, al final del post, que era un día de descanso merecido (sobre todo por la paliza que se dieron los niños y por el calor).

Resulta que nos habíamos citados con amigos a pasar la tarde en Lanuza, comiendo allí mismo (de bocatas porque no hay ni chiringuito ni nada que se le parezca). Pero como los deberes son los deberes (es que íbamos hasta ayer algo retrasados por los campamentos y demás), total que salimos de casa a las 14 horas aproximadamente …


… Claro que salir a esas horas como que no: Calor, pereza, agujetas del día anterior (que nos vamos haciendo mayores). En fin un verdadero poema el echarnos al monte. Bien, pues cuando pasamos la piscina - con vistas a Búbal - oye que nos quedamos allí tan tranquilos.

Entramos con nuestros bordones, botas de montaña, mochilas, bañadores, toallas en fin todo el asueto propio de una excursión y un paraguas de estos de golf. Quiero decir, grandísimos, de enorme proporciones que nos evitaría una insolación.

Total que el bañito, agua a 24º según el socorrista, una delicia. Tan tranquilamente nos comimos nuestros bocatas y a disfrutar del paisaje. Ya se nos hicieron las seis, el tiempo se hace eterno aquí en la montaña, vamos que ni te enteras, y al río Caldarés que nos dirijimos.

Agua helada, cristalina, limpia y nadie. Todo el río para nosotros. Subimos y subimos andando un buen rato para pararnos una zona de pozas en las que se encontraban una familia muy simpática, que no conocíamos de nada: Un vasco con su mujer alemana, su yerno (debía de serlo creo yo) y sus tres nietos - dos de ellos de madre inglesa.

La pequeña de estos, una vivaracha de tres años que trepaba las rocas y se lanzaba a la poza como si tuviera nueve. ¡Nos dejó estupefactos y maravillados! En fin que hasta hicimos buenas migas y ya hemos quedado otro día para jugar y seguir bañándonos en este paraje tan hermoso como éste.

Ya se nos hacía tarde, las ocho, y volvimos a casa cansados pero felices, pensando en la invitación que nos había lanzado mi hija para cenar: Un buen arroz a la cubana.

Al tiempo que recogíamos y se cocinaba va y nos llaman los amigos del té inglés que te contaba ayer y en su casa aparecimos con el arroz incluidos. Los niños ya de pijama y lo que nos reímos.

Hoy hay plan divertido que disfrutaremos ya todos porque mi mujer inicia sus merecidas vacaciones … ¡Tengo ganas de disfrutar con ella!. Hasta otra.

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