Las dos caras de la autoayuda

November 12th, 2008 | by admin |

Las dos caras de la autoayuda. Recibo un análisis de Julio de la Vega - Hazas que me encanta y que traigo aquí. Copia tal cual.

"El mercado - analizar lo que se vende y se compra - es un buen indicador parfa saber qué pasa en la sociedad. Y una de las cosas que indica es la gran difusión y el alza de toda una serie de productos etiquetados como de "autoayuda". El más típico son los libros dedicados expresamente al tema: en castellano, título como "Déjame que te cuente" del argentino Jorge Bucay, o "La ciencia de la felicidad" del español Ramiro A. Calle, son unos buenos ejemplos que ya permiten hacerse una primera idea del propósito de esta literatura.

El mercado de la autoayuda

La autoayuda de la que se trata es fundamentalmente psicológica, dirigida a afrontar los males más frecuentes en este terreno, como puede ser la angustia, el estrés, los vicios de carácter, la tristeza … Lo que se propone también es variado: Conseguir consejos sacados del sentido común o de la experiencia generalizada, ejercicios mentales o físicos relajantes, una especie de meditación, un encuentro con la naturaleza, etcétera.

La pregunta obligada, claro está, es si todo esto sirve para algo. Pero esta pregunta es engañosa. Muchas cosas sirven. El sentido común siempre ayuda, la relajación o la meditación vienen siempre bien para tantas personas que viven una vida acelerada y saturada de reclamos de todo tipo. En este sentido, el principal argumento de venta de todo esto es el testimonio de que sienta bien a los clientes. Sin embargo, argumentar de ese modo oculta la cuestión fundamental, que es preguntarse si de verdad resuelve los problemas que se pretenden resolver, si se cumple lo que se promete. ¿Hemos encontrado en la autoayuda la panacea para los males que aquejan al espíritu humano?

Autoayuda y madurez

 En principio, no hay dificultad en reconocer que la autoayuda es una buena cosa. Más aún, puede decirse que es un signo de madurez. Si siempre, en la formación de una persona, es ella misma el principal protagonista de su educación, con el correr del tiempo está llamada a asumir un mayor protagonismo. Es del todo lógico que, conforme se avanza, se aprende a resolver por uno mismo los problemas, y a mejorar. En caso contrario, la educación misma habría constituido un fracaso. Dicho con otras palabras, conforme de crece debe aumentar la autonomía, y mayor autonomía significa mayor autoayuda.

Por esta razón, el hombre siempre ha apreciado la autoayuda. Desde siempre se han puesto ejemplos como modelos a imitar. Quizás el más famoso sea el del griego Demóstenes (siglo IV antes de Cristo). Se cuenta del mismo que, ante unos problemas de dicción, se propuso superarlos, y con tesón y métodos un tanto pedestres como gritar en una playa solitaria con algún guijarro en la boca, tuvo tanto éxito que acabó convertido en el mejor orador de toda la Grecia clásica. Ejemplo admirable, qué duda cabe, que muestra el valor de la autoayuda, pero también, si se conocen las circunstancias, sus limitaciones.

La ilusión de la autonomía

Lo primero que se deduce de una examen de toda esta industria de la autoayuda, es que es autoayuda sólo hasta cierto punto. Se asemeja a lo que hacían algunos grupos evangélicos: Vendían biblias sin nota alguna porque sostenían la libre - autónoma - interpretación de la Biblia … para acto seguido vender un libro sobre cómo entender la Biblia. Con la autoayuda, resulta que se trata de seguir unas instrucciones y recibir unas lecciones, de un modo generalmente más informal que en el colegio, pero no por ello menos cierto. A veces, se trata de instrucciones muy detalladas. Pero, en todo caso, hay profesor y alumno, por mucho que quiera disimularse esta realidad.

¿Por qué, entonces, la insistencia en la autoayuda?  En el fondo, no es más que una faceta de la ilusión del hombre autónomo. La misma que pone de moda en las aulas un constructivismo según el cual cada uno debe de dar su propio significado a las cosas, cuando en realidad se enseña a que las entiendan según la ideología en boga. En el fondo, la pretensión de autonomía absoluta convierte a la persona en un ser particularmente vulnerable  y dependiente. De hecho, una buena parte de lo que se enseña en los libros o cursillos de autoayuda son cosas que un adulto con una buena formación, apoyo y vida equilibrada no necesita aprender, porque ya lo sabe.

Para vivir satisfactoriamente y resolver los problemas que se presentan, necesitamos hacer equipos - familia, empresa, amistades -, necesitamos apoyarnos en los demás y aprender de los demás. "Los demás" son en primer lugar la gente cercana, sobre todo afectivamente cercana. Cuando no queda más remedio que acudir a extraños o personas lejanas para resolver cuestiones ordinarias de la vida, lo que se pone de manifiesto no es precisamente un ideal, sino más bien unas carencias lamentables, quizás motivadas por el deseo de no vincularse a nadie. Eso también lo sabía Demóstenes. Lo de las piedrecitas y la playa es incierto; más cierto históricamente es que buscó los mejores maestros de su confianza que encontró, como Iseo e Isócrates.

La "técnica" que resuelve todo

Circulaba hace años un chiste según el cual entraba un tipo en una libreria y le decía al dependiente: "¿Tiene algún libro sobre cómo hacer amigos …, calvo asquesoro?". Se trae a colación proque refleja bien uno de los problemas fundamentales que subyacen a esta proliferación de productos de autoayuda: Se buscan soluciones puramente técnicas a problemas fundamentalmente humanos. Subyace una mentalidad según la cual debe existir una solución técnica para todo. Todo se reduce a encontrar el resorte, el fármaco o el procedimiento adecuados.

Se podrá hablar de "técnicas espirituales" o "del espíritu", pero lo cierto es que esta mentalidad es más propia del materialismo. Cuando todo se reduce a un mecanismo vital - genético, biológico o del tipo que se quiera-, siempre se puede hallar una técnica para corregir fallos. En cambio, cuando se educa de verdad el espíritu, lo que se busca es generar virtud. Ésta es un hábito, pero, contrariamente a la idea que más de uno tiene, no es un mecanismo, ni se logra a través de una mecánica. O sea, que si bien es cierto que hay unos condicionantes corporales, y por tanto tienen cabida tanto la medicina como las técnicas de conducta, no lo son todo en el hombre, ni por tanto en los problemas humanos.

Por tanto, para ver si el recurso al mercado de la autoayuda es eficaz, es necesario ver para qué se necesita esa ayuda. Si lo es el aprendizaje de habilidades, lo propio será algo o alguien especializado en ello (como hizo Demóstenes). Si, como es frecuente, son cuestiones derivadas de la soledad o la desesperanza, la autoayuda "técnica" no las resuelve, por lo que no sirve de mucho. El tercero donde puede ser eficaz queda así bastante reducido, por mucho que la propaganda diga otra cosa.

Continuará mañana …

 

 

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